El queso y los gusanos

Al cambio de escala al abordar los hechos históricos le llamamos microhistoria, siguiendo la estela de Carlo Ginzburg. El autor recubrió la historia menuda de Menocchio, gracias a unos documentos que encontró en los que relacionaban a su personaje, molinero, en un proceso inquisitorial. “El queso y los gusanos” se convirtió en uno de los movimientos historiográficos más interesantes de las últimas décadas, al reivindicar y detallar el nombre de personas anónimas habitualmente engullidas por la historia.

Entre nosotros, los personajes y hechos que dentro de un siglo serán obviados por los historiadores dedicados al macrorrelato tendrán el rango de mayoría. Valga aquí mi granito de arena por si en alguna ocasión algún curioso investigador quisiera profundizar en doce acontecimientos. En estas microhistorias. Bajo el paraguas general de un texto que dijera algo así como: “Historias breves de ensañamiento del mes más corto de 2018”.

Una. Los recibimientos con desbordamientos de alegría de amigos y familiares cuando un preso sale con la condena cumplida: Iñaki Igerategi e Iñaxio Otaño en Andoain, Karlos Cristobal en Sondika, Lander Maruri en Santurtzi… y la ofensiva del PP en plena precampaña electoral (que previsiblemente irá en aumento) contra estos actos. Y el seguimiento a esta estrategia de acoso por parte del PNV. Al parecer aflorar sentimientos también está prohibido. Las denuncias de Andoain han coincidido con el homenaje anual que en Hondarribia se hace al comandante en jefe del Eusko Gudarostea. Cándido Saseta que mató y murió. Saseta recibió todos los honores de buena parte del arco político que, según el cristal con el que se mira, condena o elogia.

Dos. La retirada de los cuadros de “Presos políticos” de ARCO y el apoyo a la censura de la «intelectualidad» hispana, el repliegue de los cuadros de los presos vascos de la exposición del Koldo Mitxelena del año anterior… y las contrarréplicas, las exposiciones de «terrorismo» en el mismo escenario, el museo del Ejército y la apología del golpe de Estado de 1936. Por recordar, aún hay ikurriñas expuestas en museos públicos que son consideradas «trofeos capturados al enemigo».

Tres. La muerte del ertzaina de ESAN y la demanda de peloteros del sindicato que decía «todos somos Ugarteko» cuando su última actuación con esos peloteros que quieren ahora recuperar dejó un cadáver (Iñigo Cabacas). ¿Qué dijeron cuando murieron de infarto tras las cargas Imanol Lertxundi en Ondarroa, Kontxi Sanchiz en Hernani, Remi Aiestaran en Villabona, Rosa Zarra en Donostia...? La frase escandalosa entonces de Atutxa: «Rosa Zarra iba a morir de manera inevitable aún sin recibir el pelotazo». ¿Quién estará vivo dentro de 100 años? Todos calvos, según acertadamente afirmaba Keynes, a quien al parecer Atutxa había previamente leído.

Cuatro. La sentencia denegatoria de Jon Parot (la quinta) después de haberle concedido la libertad y recurrido el fiscal. Lleva 28 años de cárcel, junto a Jakes Esnal y Txistor Haranburu en el Estado francés, donde dicen que las cuestiones penitenciarias son más leves. Ambos estarían en la calle hace varios años de haber sido detenidos en España, donde hubieran recibido una condena de 30 años que con redenciones se hubiera quedado en unos 25. ¿Monta tanto, tanto monta?

Cinco. El sinsentido de condenar a un año de cárcel a Alfredo Remírez, a Julen Ibarrola, por «enaltecimiento» y el aún mayor ensañamiento de alejar a una persona que tiene que cumplir un año de cárcel cuya familia en el primer viaje para ir a visitarle a Daroca ha tenido un accidente de tráfico. Muestra de una saña que no se ha aflojado desde que el generalísimo enterrado en el que llaman Valle de los Caídos (Por Dios y por España) dio aquel sangriento golpe de Estado.

Seis. La vuelta a la cordura, en cambio, en la prisión de Granada, devolviendo a Ainhoa Mujika y Agurtzane Delgado al módulo en cuanto se han interesado algunas asociaciones de derechos humanos, feministas, sindicalistas, políticas, jueces, defensor del pueblo andaluz... demostrando que la cárcel no hace los deberes que le corresponden, sino que está diseñada como centro de venganza. Y que el machismo preside toda la lógica penitenciaria y que esa venganza las llevó durante más de seis meses a aislamiento.

Siete. La petición fiscal a Antton Troitiño de once años de cárcel, después de haberle querido encarcelar ilegalmente con la llamada Doctrina Parot, y su marcha a Londres. Queriendo alargarle la condena arbitrariamente como antes hicieron con Santi Arrozpide, y lo intentaron también con Alberto Plazaola y antes con Iñaki de Juana.

Ocho. El proceder del Tribunal Supremo español exculpando a los guardias civiles que torturaron a Igor Portu y Mattin Sarasola y el varapalo europeo no ya por no investigar, como habían criticado hasta ahora, sino por quebrar el procedimiento judicial y amonestar a los jueces que en Gipuzkoa si lo hicieron bien.

Nueve. El alargamiento de la estancia en prisión de Sara Majarenas manteniéndole en segundo grado después de un año. Ahora, como antes, se reconoce por lo que ha/han pasado pero no se le progresa a tercer grado para evitar tener que ensañarse públicamente, denegándole la libertad condicional. La libertad sigue siendo inalcanzable incluso a dos meses para que extinga totalmente su condena. Ejemplo del castigo como chicle, que siempre es alargable.

Diez. El pasado 20 de febrero fallecía Lurdes Arronategi, madre de los presos Ibon y Eneko Goieaskoetxea. El padre de Lurdes fue miembro de la primera promoción de la Ertzaintza (1936), combatiente por tanto y luego resistente en suelo francés y preso. Más tarde acompañaba a su pareja y junto con sus hijos se refugiaron en Biarritz. Después ha recorrido miles de kilómetros hacia cárceles españolas y francesas hasta morir a los 80 años. Ibon está preso en Arles, Eneko en A Lama (Galicia), ambos a más de 750 kilómetros, en direcciones opuestas. El alejamiento había impedido a Ibon y Eneko ver a sus padres en los últimos tiempos. Hacía casi cuatro años que no veían a su padre enfermo cuando falleció la primavera pasada y hace prácticamente dos años que Eneko no veía a su madre e Ibon la pudo ver por última vez el pasado noviembre tras un fatigoso viaje a Arles. Lurdes era una de esas abnegadas madres que con el nuevo año nos presentaba Etxerat, una de ese segundo vértice que le llaman «Personas mayores/familiares enfermos y dispersión». El otro se nos ha ido haciendo más conocido, «motxiladun umeak». Los dos vértices sangrantes del ensañamiento.

Once. El ensañamiento con Ibon Iparragirre podría haber sido descrito en aquel “Manual del perfecto canalla” que escribió en los estertores del siglo XIX Rafael de Santa Ana. Ibon ha completado febrero en Aita Menni. Al fin, o en fin, porque desde verano del año pasado debía haber estado en situación de prisión atenuada en su domicilio. Durante meses, asistimos a cobardías que alargaban su situación y le exponían a la muerte. Finalmente decepción a medias porque el lugar para Ibon debe ser Ondarroa. Una demostración de hasta qué punto la crueldad puede estirarse y tener recorrido en 2018.

Doce. También en la cercanía, por lo que me toca. Censura de EITB al anuncio del libro “Armagabetzea. La vía vasca”, por incluir en el mismo una frase aludiendo al inmovilismo (en general), sin explicitarlo en Madrid, París o Gasteiz. Un hecho simbólico de una magnitud extraordinaria en esa pelea por el relato que desde el mundo jeltzale, ya avanzan sus alianzas, las históricas con Madrid. Un medio público puede anunciar basura, engaños envueltos en celofanes ficticios, una vida «maravillosa» pegada a una marca. Pero, según una anónima mano negra escondida tras una supuesta pantalla jurídica, la alusión a la quietud es pecado capital. Sobre todo si atañe a quien se considera adalid del movimiento, reencarnación del griego Zenón.

Iñaki Egaña (historialaria)

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